TAXI, Diciembre 2008
Este año se conmemora el centenario del natalicio del poeta Rafael de la
Fuente Benavides – Martín Adán
Fue uno de los más geniales poetas del siglo XX, apenas superado por Cesar Vallejo. Su obra es una mezcla de lo clásico y vanguardista, demostrando un gran dominio de la lengua. Análogamente su vida tomaba contrastes, llegó a ser una figura altamente reconocida en el ambiente literario latinoamericano, como también llegó a escribir en las servilletas de los bares en los que se perdía ebrio y delirante. Llegó a ser visto como un poeta maldito, un erudito y bohemio.
“¿Quieres tú saber de mi vida?/ Yo sólo sé de mi paso,/ De mi peso/ De mi tristeza y de mi zapato”
Escrito a ciegas

Su seudónimo fue un tema de discusión. Aparente surgió de la idea planteada por un admirador suyo, este dijo que él representaba la tentativa de llegar a la completa transformación, el término del esforzado salto que va del simio al hombre. De ahí que debía buscar dos nombres que representaran ese acontecimiento. La mayoría de monos que conocía se llamaban Martín, y Adán por ser el primer hombre del género humano.
Perteneció a la alta aristocracia limeña. En la Casa de Cartón Tenemos esos retratos poéticos de la acartonada burguesía de Barranco, a la vista de un adolescente irónico, sensible y culto (por las numerosas citas de autores y artistas) quien pasa por los trajines de la edad descubriendo el amor y el erotismo, sin dejar de ser un soñador empedernido.

Martín Adán nos deja no solo grandes aportes a la literatura, porque más allá de los antisonetos, nos muestra una manera de ver la vida, tal vez de olerla, o de oírla, de llevar todo al límite y vivir la poesía más allá del papel.
UNDERWOOD
Prosa dura y magnífica de las calles de la ciudad
sin inquietudes estéticas.
Por ellas se va con la policía a la felicidad.
La poesía gafa de las ventanas es un secreto de costureras.
No hay más alegría que la de ser un hombre bien vestido.
Tu corazón es una bocina prohibida por las ordenanzas
de tráfico.
Las casas rumian sus paces de buey.
Si dejaras saber que eres un poeta, irías a la comisaría.
Límpiate de entusiasmos los ojos.
Los automóviles te soban las caderas, volviendo la cabeza.
Cree tú que son mujeres viciosas.
Así tendrás tu aventura ytu sonrisa para después de la cena.
Los hombres que tropiezan tienen la carne encallecida deoficina.
El amor está en cualquier parte, pero en ninguna estáde otro modo.
Pasaban obreros con los ojos resentidos con la tarde, con laciudad y con los hombres.
¿Por qué había de fusilarte la Checa? Tú no has acaparado sinotu alma.
La ciudad lame la noche como una gata famélica.
Y tú eres un hombre feliz, quizá el único hombre feliz.
Tienes camisa y no tienes grandes pensamientos de ningunaclase.
Ahora siento cólera contra los acusadores y los consoladores.
Spengler es un tío asmático, y Pirandello es un viejo estúpido,
casi un personaje suyo.
Pero no he de enfurecerme por pequeñeces.
Mil cosas han hecho los hombres peores que sus culturas:
las novelas de Víctor Hugo, la democracia, la instrucción primaria,
etcétera, etcétera, etcétera, etcétera.
Pero los hombres se empeñan en amarse los unos a los otros.
Y, como no lo consiguen, acaban por odiarse.
Porque no quieren creer que todo es irremediable.
La polis griega sospecho que fue un lupanar al que había queir con revólver.
Y los griegos, a pesar de su cultura, fueron hombres felices.
Yo no he pecado mucho, pero ya sé de estas cosas.
Bertoldo diría estas cosas mejor, pero Bertoldo no las diríanunca.
Él no se mete en honduras -y está viejo, quiere paz y hastaapoya a los moderados.
El mundo no está precisamente loco, pero sí demasiadodecente.
No hay manera de hacerle hablar cuando está borracho.
Cuando no lo está, abomina de la borrachera o ama a su prójimo.
Pero yo no sé sinceramente qué es el mundo ni qué son loshombres.
Sólo sé que debo ser justo y honrado y amar a mi prójimo.
Y amo a los mil hombres que hay en mí, que nacen y mueren acada instante y no viven nada.He aquí mis prójimos.
La justicia es unas estatuas feas en las plazas de las ciudades.
Ninguna de ellas me gusta ni poco ni mucho -no son diosasni mujeres.
Yo amo la justicia de las mujeres sin túnica y sin divinidad.En punto a honradez, no soy de los peores.
Como mi pan a solas, sin dar envidia a mi prójimo.
Nací en una ciudad, y no sé ver el campo.
Me he ahorrado el pecado de desear que fuera mío.
En cambio deseo el cielo.Casi soy un hombre virtuoso, casi un místico.
Me gustan los colores del cielo porque es seguro que no sontintes alemanes.
Me gusta andar por las calles algo perro, algo máquina, casinada hombre.No estoy muy convencido de mi humanidad; no quiero sercomo los otros.
No quiero ser feliz con permiso de la policía.
Ahora en las calles hay un poco de sol.
No sé quién se lo ha llevado, qué mal hombre, dejandomanchas en el suelo como un animal degollado.
Pasa un perrito cojo -he aquí la única compasión, la únicacaridad, el único amor de que soy capaz.
Los perros no tienen Lenin, y esto les garantiza una vida humana
pero verdadera.Andar por las calles como los hombres de Pío Baroja -(todos
un poco perros)-.
Mascar huesos como los poetas de Murger, pero conserenidad.
Pero los hombres tienen posvida.
Por eso dedican su vida al amor del prójimo.
El dinero lo hacen para matar el tiempo inútil, el tiempovacío...Diógenes es un mito -la humanización del perro.
El anhelo que tienen los grandes hombres de sercompletamente perros. Los pequeños hombres quieren sercompletamente grandes hombres, millonarios, a veces dioses.
Pero estas cosas deben decirse en voz baja -siento miedo deoírme a mí mismo.
Yo no soy un gran hombre -yo soy un hombre cualquiera queensaya las grandes felicidades.
Pero la felicidad no basta a ser feliz.
El mundo está demasiado feo, y no hay manera deembellecerlo.
Sólo puedo imaginarlo como una ciudad de burdeles yfábricas bajo un aletazo de banderas rojas.
Yo me siento las manos delicadas.¿Qué soy, qué quiero? Soy un hombre y no quiero nada.
O, tal vez, ser un hombre como los toros o como los otros.
Tú no tienes las ojeras demasiado grandes.
Yo quiero ser feliz de una manera pequeña.
Con dulzura, conesperanza, con insatisfacción, con limitación, con tiempo, conperfección.
Ahora puedo embarcarme en un trasatlántico. E ir pescandodurante la travesía aventuras como peces.Pero ¿a dónde iría yo?
El mundo me es insuficiente.
Es demasiado grande, y no puedo desmenuzarlo en pequeñassatisfacciones como yo quiero.
La muerte es sólo un pensamiento, nada más, nada más...Y yo quiero que sea un largo deleite con su fin, con su calidad.
El puerto, lleno de niebla, está demasiado romántico.
Citeres es un balneario norteamericano.
Los yanquis tienen la carne demasiado fresca, casi fría, casimuerta.El panorama cambia como una película desde todas lasesquinas.
El beso final ya suena en la sombra de la sala llena de candelasde cigarrillos. Pero ésta no es la escena final.
Pero ello es por lo queel beso suena.
Nada me basta, ni siquiera la muerte; quiero medida, perfección,satisfacción, deleite.
¿Cómo he venido a parar en este cinema perdido y humoso?La tarde ya se habría acabado en la ciudad.
Y yo todavía mesiento la tarde.
Ahora recuerdo perfectamente mis años inocentes.
Y todos losmalos pensamientos se me borran del alma.
Me siento un hombreque no ha pecado nunca.Estoy sin pasado, con un futuro excesivo.
A casa...